Después, todo era un seguir adelante: la Bodeguita del Medio o la Floridita, garitos frecuentados por el escritor norteamericano Hemingway haciendo un alto en el Hotel en el que estuvo hospedado un tiempo "Los 3 mundos" donde nos sumergimos en la música con la pianista y la flautista dejándonos llevar y terminando cantando grandes éxitos como el "Baúl de los recuerdos", recuerdos que para muchos les trasladarían a otros tiempos más boyantes cuando la Habana, por la influencia americana creció y se enriqueció y fue punto de encuentro tanto de gente adinerada como de personajes relacionados con la cultura y mafiosos.
Paseando por sus calles observas una ciudad de grandes contrastes, que vive de lo que fuera otrora pero que su realidad cotidiana es otra. El turismo es incipiente pero no por ello desaparecen las largas colas que para todo tienen que hacer los pacientes cubanos, ni las cartillas de racionamiento, ni las condiciones de trabajo que te remontan a tiempos muy lejanos donde el trabajo sin condiciones y a destajo era el protagonista.
No obstante, son alegres y musiqueros, son artistas y eso se percibe. Decía nuestra guía en la Habana que los cubanos no te engañan o timan pero que son creativos para todo y, para mí, que tienen un don. De cualquier cosa o por cualquier motivo hacen música.

No puedes dejar la Habana sin montar en un coche antiguo. Y eso hicimos y subidos en el que fuera el auto del guardaespaldas de Batista, presidente electo entre 1940 y 1944 y gobernante de facto entre 1952 y 1959 cuando fue derrocado por el estallido de la revolución; el coche era conducido por un cubano que dice "mi apellido es fiesta" volvimos a impresionarnos por los contrastes.
Paseamos por el barrio chino en el que dicen las malas lenguas no reside ni un chino, vimos la zona de la universidad desde otra perspectiva, menos turística pero más impresionante, el hotel La Habana Libre o el edificio Focsa ...
Y llegamos a uno de los emblemas de la ciudad y de Cuba, el hotel Nacional construido bajo la influencia americana en los años 30. Estuvimos, como lo han hecho multitud de famosos allí y vimos su galería de la fama donde queda retratada su presencia: Ana Belén, Sara Montiel, Almodóvar, Lola Flores, Churchill, Frank Sinatra, Rita Harwood..., sus extraordinarios jardines y la terraza con vistas al mar en Punta Brava donde dicen que llegaron los americanos apuntando desde sus buques de guerra en la conocida crisis de los misiles.
Y desde allí nos dirigimos a otro punto que suponía un nuevo contraste y que nos producía la impresión de que todo es posible en La Habana, el Callejón de Hamel, proyecto cultural comunitario ubicado en Cayo Hueso, impulsado por el artista Salvador González Escalona, al que tuvimos la oportunidad de ver en dicho lugar donde santería, arte mural, reciclado y supervivencia se convierten en auténticos aliados.
Y de allí salimos con nuestro CD de Rumba con Salsa en el bolso. Y es que los cubanos no desperdician la ocasión y, cuando estás metido en faena, en pleno viaje, entre la emoción y, en este caso, también la solidaridad con el proyecto cultural no echas cuentas y te ves embaucado y colaborando. Dejo una muestra de lo que es eso de la rumba salsa en pleno corazón del Callejón.
La visita en nuestro auto antiguo había finalizado pero aún quedaba la noche.
La Habana es muy bonita para fotografiar, sobre todo sus puestas de sol desde cualquier punto alto de la ciudad. El Malecón es de los favoritos y el Morro, antigua fortaleza, es un lugar privilegiado. Hacia allí fuimos cargados con la cámara fotográfica que plasmara el momento y también la ceremonia del cañonazo que recrea el cierre de la ciudad en tiempos de la colonización española. A las 9 de la noche en punto, es importante ir con tiempo si quieres sacar buenas fotos. Y allí estábamos "felices los cuatro", en nuestro balcón con unas vistas privilegiadas tanto de la ceremonia como de la ciudad, atentos, sin dejar pasar ni el más mínimo detalle. Después un momento para las compras y, sin embargo, fue en el único punto en el que percibí que tenían prisa y no nos dejaron saborear el instante, es como si estuviera exclusivamente preparado para el turismo y no nos dejaran impregnarnos de su tranquilidad para deleitarnos del momento. Todo tuvo su magia: el lugar, la puesta de sol, el desfile, el mercadillo....

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