lunes, 31 de julio de 2017

Viaje a Cuba: La Habana (Parte 2)

Retomamos la historia donde la dejamos, en la Plaza Vieja. Allí pudimos subir a la Cámara Oscura, artilugio creado con un periscopio y que nos ofrece vistas de La Habana en tiempo real: el Capitolio, el edificio de la Bolsa, algún crucero atracado... Además, antes o después de acceder a la sala en la que está ubicada la cámara, puedes salir a una interesante terraza desde la que se divisa La Habana y desde la que se pueden hacer fantásticas fotos.





Y de allí a la Fototeca  y de esta a tomar una cerveza artesana en la Fábrica de Malta.



Después, todo era un seguir adelante: la Bodeguita del Medio o la Floridita, garitos frecuentados por el escritor norteamericano Hemingway haciendo un alto en el Hotel en el que estuvo hospedado un tiempo "Los 3 mundos" donde nos sumergimos en la música con la pianista y la flautista dejándonos llevar y terminando cantando grandes éxitos como el "Baúl de los recuerdos", recuerdos que para muchos les trasladarían a otros tiempos más boyantes cuando la Habana, por la influencia americana creció y se enriqueció y fue punto de encuentro tanto de gente adinerada como de personajes relacionados con la cultura y mafiosos.

                                         

Paseando por sus calles observas una ciudad de grandes contrastes, que vive de lo que fuera otrora pero que su realidad cotidiana es otra. El turismo es incipiente pero no por ello desaparecen las largas colas que para todo tienen que hacer los pacientes cubanos, ni las cartillas de racionamiento, ni las condiciones de trabajo que te remontan a tiempos muy lejanos donde el trabajo sin condiciones y  a destajo era el protagonista.
No obstante, son alegres y musiqueros, son artistas y eso se percibe. Decía nuestra guía en la Habana que los cubanos no te engañan o timan pero que son creativos para todo y, para mí, que tienen un don. De cualquier cosa o por cualquier motivo hacen música.
                                        

No puedes dejar la Habana sin montar en un coche antiguo. Y eso hicimos y subidos en el que fuera el auto del guardaespaldas de Batista, presidente electo entre 1940 y 1944 y  gobernante de facto entre 1952 y 1959 cuando fue derrocado por el estallido de la revolución; el coche era conducido por un cubano que dice "mi apellido es fiesta" volvimos a impresionarnos por los contrastes.

                                       
Paseamos por el barrio chino en el que dicen las malas lenguas no reside ni un chino, vimos la zona de la universidad desde otra perspectiva, menos turística pero más impresionante, el hotel La Habana Libre o el edificio Focsa ...

                                              

Y llegamos a uno de los emblemas de la ciudad  y de Cuba, el hotel Nacional construido bajo la influencia americana en los años 30. Estuvimos, como lo han hecho multitud de famosos allí y vimos su galería de la fama donde queda retratada su presencia: Ana Belén, Sara Montiel, Almodóvar, Lola Flores, Churchill, Frank Sinatra, Rita Harwood..., sus extraordinarios jardines y la  terraza con vistas al mar en Punta Brava donde dicen que llegaron los americanos apuntando desde sus buques de guerra en la conocida crisis de los misiles.

Y desde allí nos dirigimos a otro punto que suponía un nuevo contraste y que nos producía la impresión de que todo es posible en La Habana, el Callejón de Hamel, proyecto cultural comunitario ubicado en Cayo Hueso, impulsado por el artista Salvador González Escalona, al que tuvimos la oportunidad de ver en dicho lugar donde santería, arte mural, reciclado y supervivencia se convierten en auténticos aliados.

                          
Y de allí salimos con nuestro CD de Rumba con Salsa en el bolso. Y es que los cubanos no desperdician la ocasión y, cuando estás metido en faena, en pleno viaje, entre la emoción y, en este caso, también la solidaridad con el proyecto cultural no echas cuentas y te ves embaucado y colaborando. Dejo una muestra de lo que es eso de la rumba salsa en pleno corazón del Callejón.


La visita en nuestro auto antiguo había finalizado pero aún quedaba la noche.
La Habana es muy bonita para fotografiar, sobre todo sus puestas de sol desde cualquier punto alto de la ciudad. El Malecón es de los favoritos y el Morro, antigua fortaleza, es un lugar privilegiado. Hacia allí fuimos cargados con la cámara fotográfica que plasmara el momento y también la ceremonia del cañonazo que recrea el cierre de la ciudad en tiempos de la colonización española. A las 9 de la noche en punto, es importante ir con tiempo si quieres  sacar buenas fotos. Y allí estábamos "felices los cuatro", en nuestro balcón con unas vistas privilegiadas tanto de la ceremonia como de la ciudad, atentos, sin dejar pasar ni el más mínimo detalle. Después un momento para las compras y, sin embargo, fue en el único punto en el que percibí que tenían prisa y no nos dejaron saborear el instante, es como si estuviera exclusivamente preparado para el turismo y no nos dejaran impregnarnos de su tranquilidad para deleitarnos del momento. Todo tuvo su magia: el lugar, la puesta de sol, el desfile, el mercadillo....


                               

Y de vuelta al hotel vimos iluminada la embajada española que luce desde todos los puntos  como "una tarta" dicen los cubanos y que fue el lugar elegido por Los del Río con Gente de Zona para recrear el vídeo clip de su remix  macarena en versión reggaeton y nos fuimos "despacito" a dormir puesto que, al día siguiente, nos desplazábamos a la zona de Varadero donde se suponía llegaría nuestro tiempo de relax tras esas dos jornadas y media ajetreadas, trepidantes, musicales, ruidosas y, sobre todo, calurosas en la capital de cuba.            

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miércoles, 26 de julio de 2017

Viaje a Cuba: La Habana (Parte 1)

A pesar de que este verano se nos presentaba complicado para irnos de vacaciones, una tediosa tarde de sábado, sentada en el sofá, cuando parecía que quizás podríamos disponer de unos días de descanso, Cuba se nos apareció en forma de oferta.
Cuba era uno de esos destinos que teníamos en el haber y que, aunque no era nuestra primera visita a tierras caribeñas, tenía su atractivo por aquello del régimen y del bloqueo (algo que no habíamos tenido la oportunidad de vivir in situ).
Y allí aterrizábamos en el aeropuerto de Varadero una tarde de martes del mes de julio "felices los cuatro" que parece que se iba a convertir en nuestra banda sonora (Marina de 21 años, Celia de 18 y Carlos y yo que no cumplimos los 50).


Nada más montarnos en el autobús que nos llevaría a la Habana ya teníamos nuestras primeras impresiones: que el tiempo realmente no importa a los cubanos, que la gente vive de forma muy humilde y que aquello de los "autos" antiguos no es ningún mito. ¡ Ah! y que el turismo se está empezando a convertir en una de sus mayores fuentes de ingreso y quieren aprovecharlo.
Para un traslado de escasas dos horas hasta La Habana, hicimos una parada de máximo 15 minutos que se convirtieron en algo más de media hora y, allí, nos esperaban los souvenirs, la piña colada o el daiquiri a precio de Europa y los antiguos coches americanos que pasean por doquier como símbolo de un país que vive un presente un tanto anclado en el pasado.
   
 


Y llegamos a La Habana. Lo cierto es que, aunque éramos conscientes de que íbamos con una oferta, el hotel nos defraudó. Se trataba de un establecimiento, construido en el siglo XIX sobre las ruinas del antiguo barrio Las Murallas, que en los años 30 ó 40 dicen era el mejor de la ciudad pero que ha venido a menos y necesita una restauración integral. Por lo tanto, nuestra primera impresión fue un tanto deprimente, no obstante, al haber sido un hotel de abolengo el "loby" como por aquellas tierras llaman al hall nos trasladó a otra época: una gran cúpula de escayola muy decorada, viejos sofás, un ascensor con solera de aquellos americanos que salen en algunas películas y un antiguo piano que sonaba estupendamente, distinto, con sonido cubano. Y es que nada más salir al parque central y adentrarnos en las calles de La Habana Vieja nos dimos cuenta de que Cuba es música, es ruido y es calor, mucho calor. Lo peor, el hedor del que se impregnan algunas calles porque, supongo, el sistema de alcantarillado no es el más adecuado.
A partir de ahora comenzaba la aventura: buscar un local para cenar era el objetivo. El cansancio del viaje, el calor, la desconfianza .... se apoderaban de los cuatro. Sin embargo, en una calle no muy transitada se encuentra el Restaurante El Ángel (no aparece en las guías), moderno, con aire acondicionado (no muy usual por aquellos lares) y con una carta no muy amplia pero muy rica. Volvimos al hotel con la impresión de que no sabíamos dónde nos habíamos metido porque, cuando cae la noche, todo se ve más negro. Y la noche fue ruidosa lo que constató eso que tanto llevan a gala los cubanos de que las horas de sueño te quitan horas de vida (porque para mí que no duermen).
El miércoles amaneció más temprano de lo habitual por lo del cambio horario. Y a la luz del día ya todo era distinto. Desde la azotea del hotel, lugar en el que está ubicado el buffet del desayuno La Habana lucía "bella" y estaba a nuestro alcance para poder visitarla.


Lo hicimos con el "city tour" al que yo era bastante reticente puesto que me parece un poco de "guiris" y, normalmente, se hace una precipitada visita. Pero no fue así. La guía, excepcional, pariente además de Chucho Valdés, nos enseñó con calma, a su ritmo, y con detalle diversos lugares de La Habana nueva y vieja y de sus barrios así como nos dejó degustar café, daikiris y otras comidas y bebidas en algunos de los lugares más emblemátcos.
Partimos desde el hotel rumbo al barrio del Vedado pasando, claro está, por el Malecón construido a principios del siglo XX, amplia avenida de ocho kilómetros y que, según nos informaron, no cumple su verdadera función de contención puesto que en tiempos de huracanes poco puede hacer. Nos bajamos del autobús en la plaza de la Revolución donde mi impresión fue la de que se trata de una plaza tipo mausoleo construida en tiempos de Batista: el  monumento a José Martí (ideólogo de la guerra de la independencia frente a España), el Ministerio del Interior presidido por el Che ("hasta la victoria siempre) y el monumento al revolucionario Camilo Cienfuegos.

                     



Un paseo por la Universidad de la Habana, nido en el que se urdió parte de la revolución sin olvidar un alto en la esquina de 23 y 12, patrimonio nacional puesto que fue el lugar en el que se declaró el carácter socialista de la Revolución y un alto en una tienda de Ron y Tabaco (imprescindible en cualquier viaje a Cuba) para hacer compras y tomar un cafecito. Con todo ello la impresión era de que la Revolución es la auténtica protagonista de la ciudad y que el ritmo caribeño seguía marcando nuestros tiempos.

                                                         



¿Y ahora? Desde mi punto de vista venía lo mejor puesto que nos íbamos a sumergir en las auténticas calles de la Habana, las de la Habana Vieja: la plaza de la Catedral, la de Armas, la Plaza Vieja, la ruta de Hemingway quien vivió allí durante 20 años y dicen "que se lo bebió todo"...
Lo cierto es que no nos dejó indiferente y que, desde mi punto de vista, el recorrido merece un capítulo especial. Por eso lo dejo para mi siguiente entrada de Blog.
No obstante, como decía en la introducción, La Habana es música y es Revolución, fusión que se encuentra en el típico Guantanamera (ya contaré la historia en otro momento) y que tuvimos la oportunidad de escuchar a un grupo de músicas callejeras en la mísmisima Plaza Vieja.



sábado, 22 de julio de 2017

Bienvenidos a mi mundo viajero

Escribir y viajar siempre me ha gustado.
Desde pequeña he sentido curiosidad por conocer diferentes lugares. Hubo un tiempo en que, incluso, pensé en ser azafata y estudié un curso para ello, aunque las circunstancias me hicieron desechar la idea. En la medida de lo posible, he intentado viajar todo lo que mi bolsillo me ha permitido.
Aunque no sé si se me da bien del todo, lo de escribir me atrae pero, eso sí, sin muchos adornos (quizás es deformación causada por mis años de radio).
De esa mezcla surge este Blog. Voy a intentar contar en diferentes entradas algunos de mis viajes en familia y cojo como punto de partida el primer viaje que junto con mi marido y mis hijas hice al extranjero en plan aventurilla. Nos situamos en el año 2006 ¿por qué?. Quizás porque mi hija Celia me lo propuso a través de un post de instagram o quizás porque soy consciente de que, en este mundo digital en el que vivimos, compartir experiencias es importante y desde algún sitio había que empezar.
Este Blog estará formado por diferentes entradas de distintos viajes que hemos hecho juntos intentando buscar un vínculo común: la primera vez.
No obstante, salpicaré estos viajes con escapadas por España y, cómo no, por los alrededores de la ciudad en la que resido, Miranda de Ebro, sin olvidar las constantes visitas a mi querido Madrid, mi ciudad natal, vistas desde el punto de vista de una persona que ahora no vive allí.
¿En qué orden empezaré?
Pues de atrás para adelante, es decir, desde mi último viaje a Cuba que he realizado hace unos pocos días.
Visitaremos Marruecos, Laponia, Méjico.... Haremos cruceros y escapadas rurales....
No quisiera olvidar que hubo un antes. Que con mis hijas pequeñas nos dedicamos a hacer los típicos viajes a la playa con el cubo y la pala y, siempre, con una pizca de curiosidad en las que las intentamos inculcar el gusto por viajar, por aprender, por explorar: La Alhambra, el Monasterio de San Pere de Roda o el de Guadalupe, Atapuerca..., entre otros bellos lugares, Peñíscola, Benidorm, la Costa Brava o el Cantábrico fueron nuestros testigos. También hubo tiempo para la diversión en los distintos Aquapark de la costa mediterránea o parques temáticos: Eurodisney, Port Aventura, Terra Mítica, Warner....
Viajar en familia tiene de todo, momentos buenos y no tan buenos, pero estos viajes crean vínculos difíciles de romper.


En busca de una aurora boreal

  Esta entrada forma parte de la serie de programas emitidos en Miranda FM donde los viajes, la música, la literatura y el cine son los prot...